Acompañemos el etiquetado frontal con educación

Contar con información clara sobre qué contienen los alimentos y los productos que consumimos es clave para que podamos decidir qué comer y cuidar nuestra salud.
En este sentido, el proyecto de ley de etiquetado frontal aprobado ayer en la Cámara de Diputados apunta a rotular los envases con un octógono negro que advierta a los consumidores sobre los excesos de azúcar, sodio, calorías o grasas.
Ahora bien, la etiqueta en el envase del producto no es suficiente; es necesario acompañar ese etiquetado con Educación Alimentaria y Nutricional (EAN)
 ¿Por qué insistimos con la EAN? A continuación les compartimos 3 puntos clave que muestran la importancia de “educar al consumidor”:  

 1. El etiquetado solo alcanza a productos envasados, pero hay otros que se venden sueltos o a granel que también contienen exceso de esos nutrientes.

La Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) explica que “los excesos dietarios no se concentran en productos envasados sino que se extienden a diferentes grupos de alimentos que se compran a granel o se utilizan como ingredientes culinarios en preparaciones caseras” y que “los alimentos envasados no representan más del 35 % del volumen físico de la dieta promedio de la población”. 

Es decir que, por ejemplo, alimentos como los cereales azucarados, las facturas u otros panificados o las torta fritas, entre otros, no van a tener rótulos a pesar de contener azúcar y/o grasas en exceso.

Por eso, la EAN es necesaria para decidir también sobre productos y alimentos que estén fuera del rotulado.
 

 2. Algunas etiquetas pueden llevar a interpretaciones erróneas.

En nuestro país, las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) fueron publicadas en 2016. Las GAPA presentan a la Gráfica de la Alimentación Diaria acompañada por mensajes y recomendaciones accionables para lograr una alimentación variada y saludable que cubra las necesidades nutricionales de la población sana mayor de 2 años.
La Gráfica divide a los alimentos en 6 grupos, de acuerdo a los nutrientes que brindan, y los organiza por tamaño según el consumo recomendado.

Los 5 grupos de mayor tamaño (1.Frutas y Verduras; 2.Legumbres, cereales, papa, pan y pastas; 3.Leche, yogur y queso; 4. Carnes y huevos; 5. Aceites, frutas secas y semillas) están indicados para consumir todos los días mientras que el grupo más pequeño (Opcionales: dulces y grasas) es solo para “de vez en cuando” u ocasiones especiales.
 El análisis del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación de (CEPEA), advierte que hay que evitar que mediante el etiquetado se desaliente el consumo de alimentos recomendados en las Guías Alimentarias o por la evidencia científica. En el mismo sentido, para la SAN, la representación gráfica con los octógonos negros, “si bien es fácil en su comprensión y lectura tiene un sentido restrictivo… Muchos consumidores se verían desalentados para consumir alimentos de buena calidad nutricional como vegetales congelados, legumbres envasadas, lácteos o alimentos reducidos en calorías, azúcar o grasas ya que sus características especiales no podrían ser exhibidas en forma diferencial en el etiquetado frontal. La progresión hacia una mejor calidad de dieta es completa si la población avanza en mejores decisiones en todos los sentidos: no solo consumir menos alimentos ocasionales sino elegir más y mejores alimentos de buena densidad de nutrientes, frescos o procesados, pero con base en aquellas matrices alimentarias recomendables y con el menor contenido de nutrientes críticos.” 
La EAN es necesaria no solo para desalentar el consumo de alimentos con exceso de azúcar, grasa y sal sino que también es necesario promover el consumo de alimentos saludables y favorecer decisiones que brinden bienestar y salud.
 
3. El problema es multifactorial, por eso se necesita una solución que contemple todos los factores.

La cuestión de fondo es la epidemia global de sobrepeso y obesidad, presente desde edades cada vez más tempranas.
En nuestro país, en niños y adolescentes, el exceso de peso representa la forma más prevalente de malnutrición:  
– El 13,6% de menores de 5 años 
– El 41,1% de niños y adolescentes de 5 a 17 años  
– y el 67,9% de adultos tienen sobrepeso u obesidad.
Pero, a pesar de este panorama, de acuerdo al Programa Nacional de Salud Escolar (PROSANE, 2018), solo el 10,9% de los padres y el 2% de los docentes lo perciben como un problema de salud con consecuencias físicas y psicológicas que limita el máximo potencial de los niños. 

En este contexto, la EAN no solo informa sino que también concientiza sobre la gravedad del problema y motiva a las personas a ponerse en acción por el cuidado de su salud.  
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), “la EAN es una estrategia económica, viable y sostenible para mejorar la salud y el bienestar de la población”.
Acompañemos el etiquetado frontal con educacion. ¡Sigamos llevando EAN a todas las edades y a todos los contextos!